Taller Calma

Aliviar la tensión en el cuello por estrés después de trabajar

2026.07.19
Aliviar la tensión en el cuello por estrés después de trabajar

Viste cuando salís de laburar y sentís que la cabeza te pesa una tonelada, pero no por lo que pensás, sino porque el cuello se te transformó en una barra de hierro. Me pasó el otro día, un martes de mayo especialmente pesado, volviendo de la oficina de logística. Iba manejando por los portones del Parque San Martín y, cuando quise girar para mirar el espejo retrovisor, me dolió tanto que tuve que mover todo el cuerpo como si fuera un robot. Ahí me di cuenta de que la cosa se me estaba yendo de las manos otra vez.

Llevo años en el mismo escritorio, dándole a las planillas de Excel y aguantando los reclamos de los choferes que llegan tarde. Sin darme cuenta, paso nueve horas con los hombros pegados a las orejas. Es como una postura de defensa, ¿viste? Como si estuviera esperando que me caiga un problema encima en cualquier momento. Y lo peor es que uno se acostumbra a vivir así, con ese nudo que te muerde la base del cráneo hasta que un día, simplemente, el cuello dice basta.

Lo que pasa adentro del cuello cuando el Excel te gana

Después de ese episodio en el auto, me puse a investigar un poco —ya sabés que me gusta hacer esos cursos de Hotmart para entender qué me pasa— y encontré unos datos que me volaron la cabeza. Resulta que tenemos nada menos que 7 vértebras cervicales sosteniendo todo el asunto. En una posición normal, derechito, tu cabeza pesa unos 5 kilogramos. Nada del otro mundo, ¿no? El problema es cuando nos encorvamos frente al monitor.

Escritorio de oficina con planillas de Excel y un mate en Mendoza.

El curso explicaba que, por cada centímetro que tirás la cabeza hacia adelante, el peso efectivo se multiplica. Si estás a 60 grados de inclinación —esa pose clásica de cuando estás mirando el celular o pegado a una celda del Excel que no te cierra—, tu cuello está soportando unos 27 kilogramos. ¡27 kilos! Es como si llevaras un bidón de agua de los grandes colgado de la nuca todo el día. No hay músculo que aguante semejante paliza sin quejarse.

En mi caso, el músculo que más me castigaba es uno que se llama elevador de la escápula. Es el que te arma el famoso "nudo" al costado del cuello. Lo que yo hacía antes, y que me salía re mal, era tratar de estirarlo a lo bruto. Me agarraba la cabeza y tiraba para el costado con toda, pensando que el dolor se iba con más dolor. Error total. Me terminaba dando unos pinchazos que me dejaban viendo estrellitas y la tensión volvía más fuerte a los diez minutos.

El error de querer estirar cuando todavía estás "en guardia"

Acá es donde aprendí algo que me cambió la perspectiva: si estás estresado, tu sistema nervioso está en modo alerta. Los músculos están duros porque tu cerebro cree que te tenés que defender de algo. Si en ese momento hacés un estiramiento estático y brusco, el músculo se asusta más y se contrae para protegerse. Es un reflejo. Por eso, meterle mano al cuello apenas llegás a casa, todavía con la bronca del laburo encima, a veces es peor que no hacer nada.

A principios de año, cuando empecé con todo este camino de buscar la calma, me frustraba porque nada me sacaba el dolor. Pero después de unas tres semanas de práctica constante entendí que el secreto no es "estirar", sino "soltar". No es lo mismo. Soltar requiere que primero le avises al cuerpo que ya no hay peligro. Ya te conté antes sobre los pasos para dominar la ansiedad antes de que afecte tu rendimiento laboral, y esto del cuello es la continuación física de ese mismo proceso.

Persona sentada en su habitación al atardecer buscando relajarse tras el trabajo.

Lo que me empezó a servir de verdad fue el tema de los micromovimientos. En vez de esos tirones de gimnasio, empecé a hacer movimientos casi invisibles. Sentado en el borde de la cama, apenas muevo la nariz un milímetro para un lado y para el otro. Es increíble, pero cuando lo hacés muy despacio, empezás a escuchar cosas. Yo sentía un sonido similar a hojas secas crujiendo que escucho dentro de mi cabeza al rotar el cuello muy despacio después de un día de oficina. Es impresionante lo que se junta ahí adentro.

Cómo bajar un cambio y liberar la cervical

Para que esto funcione, aprendí que hay que trabajar en equipo con la mandíbula y el pecho. Si tenés los dientes apretados, el cuello no se va a relajar nunca. Yo llegaba a casa con la mandíbula que parecía que había estado masticando piedras. Entonces, el truco es dejar que la boca se abra un poquito, que la lengua caiga al piso de la boca, y ahí recién empezar a respirar con la panza.

Fijate que a veces el estrés nos nubla tanto que ni nos damos cuenta de lo tensos que estamos. En esos momentos, mejorar la memoria y concentración se vuelve imposible porque toda tu energía se la lleva el dolor. Por eso, dedicarle diez minutos a esto al volver del laburo no es perder el tiempo, es una inversión para que el resto del día no sea una tortura.

Lo que yo hago ahora es esto:

Zapatos de trabajo dejados en la entrada de una casa mendocina.

Cuando por fin sale bien, siento ese calor repentino que baja por los hombros hasta las puntas de los dedos cuando finalmente logro soltar el aire y relajar el trapecio. Es como si se abriera una canilla de agua tibia adentro del cuerpo. Ahí es cuando sé que la tensión de la oficina se quedó afuera y que puedo empezar a ser una persona normal el resto de la tarde.

Un recordatorio de amigo

Mirá, esto es lo que a mí me viene funcionando después de mucho errarle y de probar mil cosas que eran puro humo. Yo no soy médico, ni fisioterapeuta, ni nada de eso. Soy un tipo que labura en logística y que se cansó de vivir con el cuello duro. Si vos sentís que el dolor no se te pasa con nada, si tenés mareos o si sentís que se te duermen los brazos, haceme el favor y andá a ver a un profesional. No te quedes con lo que leíste en un blog; a veces hace falta que alguien que sepa de verdad te acomode los patitos.

La calma no llega de un día para el otro, es un laburo de hormiga. Pero te aseguro que cuando empezás a recuperar el movimiento del cuello y dejás de sentir que llevas un yunque encima, la vida se ve de otra forma. Por lo menos, ya no tengo que girar todo el cuerpo para ver quién me saluda en la calle, y eso ya es un montón.

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