Taller Calma

Cómo superar el sentimiento de culpa por no terminar todo el trabajo

2026.09.12
Manejo del estrés y ansiedad laboral: hombre mirando una planilla de tareas sin terminar en la oficina

Noventa por ciento. Es el número que en mi laburo se supone que tiene que dejarte tranquilo, el estándar OTIF que mide si entregamos a tiempo y completo, y durante un buen tramo fue justo lo que me arruinaba los domingos a la noche. Ese diez por ciento que faltaba se me metía en el pecho como si fuera mi culpa personal, y ahí aprendí que la ansiedad laboral no se cura terminando la lista, porque la lista, en logística, no tiene fondo. El manejo del estrés que más me sirvió no fue apurar el paso, fue entender que el problema estaba en otro lado.

La culpa no es sinónimo de responsabilidad

Mucha gente da por sentado que sentir esa culpa es señal de que te importa el laburo, casi una medalla de compromiso. A mí me costó bastante desarmar esa idea. Llevo tres años dándole vueltas a este tema, primero porque no me quedó otra después de un par de sustos feos en la oficina, después porque terminó siendo casi un hábito de observación. Lo que fui viendo es que la culpa no mide nada de vos como profesional: mide que tu cabeza sigue enganchada con una tarea que quedó abierta, nada más.

Productividad saludable en logística: planilla de pendientes reflejada en los ojos cansados de un trabajador

Terminar todo no es productividad saludable

Ahí está el segundo mito, el que más plata le hace ganar a los cursos de productividad: la idea de que existe una versión de vos que llega a cero pendientes y por fin descansa tranquilo. En logística eso no pasa nunca. Siempre va a quedar un camión demorado, un remito sin cargar, un mail que contestás mañana. La productividad saludable no es vaciar la bandeja, es decidir con qué te vas a acostar tranquilo y con qué no. Un curso que hice hace un tiempo, Domina tu ansiedad, le ponía nombre difícil a esto, algo que llamaban Efecto Zeigarnik. A mí me sirvió más la traducción criolla que la sigla: lo que no cerrás con la cabeza, te lo llevás puesto igual.

Lo que probé para apagar la cabeza (y no funcionó)

Antes de llegar a algo que funcionara, probé bastante que no. Las meditaciones guiadas gratuitas de YouTube fueron mi primer intento serio, y el resultado era siempre alguno de dos extremos: o me quedaba dormido a los dos minutos, o terminaba más nervioso que antes de empezar, esperando que la voz del audio me dijera cuándo se suponía que tenía que sentirme en paz. Los ejercicios de respiración tampoco me salieron bien de entrada, y durante bastante tiempo tuve la sensación de estar haciendo mal hasta lo más simple del mundo, que es respirar.

Camino al lago del Parque San Martín sin la planilla en la cabeza

Lo que sí empezó a mover algo fue caminar. Doy vueltas por el lago del Parque San Martín bastante seguido, y hay una parte del recorrido, no sabría decir exactamente cuál, donde en algún momento dejo de mascar la planilla del día y simplemente estoy ahí, mirando el agua, sin acordarme de qué camión llegó tarde. Rodrigo, un amigo de hace años con el que nos vemos poco, me manda cada dos semanas un audio de esos larguísimos en vez de escribir un mensaje corto como cualquier persona normal, y en uno de esos audios me preguntó, medio en broma, por qué me hacía tanto quilombo con una planilla que iba a seguir estando ahí al otro día. No supe qué contestarle en el momento, pero la pregunta se me quedó pegada más que cualquier técnica que haya probado.

Esa sensación de aflojar en la caminata tiene que ver con algo bien físico, no solo mental. Si alguna vez sentiste que el pecho se te cierra por los pendientes, hay algo de eso escrito en cómo calmar el nudo en el estómago por ansiedad y estrés laboral, porque el cuerpo casi siempre avisa antes que la cabeza se dé por enterada.

Cerrá la jornada antes de que la jornada te cierre a vos

Bienestar emocional al aire libre: sendero junto al lago del Parque San Martín en invierno

La regla que terminó sirviéndome de verdad es bastante menos mística que cualquier meditación: antes de irme, anoto tres cosas que sí hice bien en el día y dejo escrito cuál es la primera tarea de mañana. Nada más. Eso le da a la cabeza un lugar donde dejar la lista, en vez de cargarla hasta la cama. No es magia ni resuelve el diez por ciento que falta, pero corta el circuito de sentir que si no lo resolviste todo, sos un desastre. Puse límites parecidos con pedidos de último momento, algo de lo que hablo con más detalle en poner límites a jefes difíciles sin sentir culpa, porque decir "esto lo vemos mañana" no te vuelve menos profesional.

Una lectora de Córdoba, Julieta, me escribió hace poco un mail larguísimo, de esos que se nota que la persona lo pensó bien antes de mandarlo, contándome que en su laburo de administración le pasa exactamente lo mismo con la bandeja de entrada: nunca llega a cero, y por eso se acuesta sintiendo que le debe algo a alguien. Se lo dije como se lo digo a cualquiera: la bandeja en cero no existe, ni en logística ni en administración ni en ningún laburo que valga la pena tener.

El bienestar emocional no entra en una fila de Excel

Todavía tengo tardes en las que me cuesta cerrar la compu tranquilo, y no pretendo venderte que esto se resolvió del todo. Pero el bienestar emocional no se mide completando filas, se mide en si podés soltar el teléfono un domingo sin que el pecho se te cierre por una notificación de mail. Fui a terapia en su momento y fue de las mejores decisiones que tomé, junto con algunos de los ejercicios que cuento en lo que aprendí para relajar el sistema nervioso tras semanas de estrés. Si a vos la culpa te tiene realmente ahogado y no podés ni levantarte de la cama, no esperes a que se te pase solo: hablá con un profesional, que para eso están.

No sos una máquina de OTIF ni de ninguna otra sigla que te inventen en la oficina. Sos alguien que labura, sí, pero que también necesita dormir bien, ver a la gente que quiere y llegar a un domingo sin ese nudo. Soltar un poco el Excel no te convierte en irresponsable, te convierte en alguien que entendió la trampa a tiempo.

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