Taller Calma

Ansiedad del domingo a la noche: cómo calmarse antes de arrancar la semana

2026.06.18
Ansiedad del domingo a la noche: cómo calmarse antes de arrancar la semana

Eran las siete de la tarde de un domingo de agosto, de esos donde el sol se empieza a esconder atrás de la cordillera y el cielo de Mendoza se pone de ese color violeta que parece de mentira. Yo estaba ahí, sentado en el sillón, con el último mate ya lavado y frío arriba de la mesa. Y ahí apareció, puntual como siempre: esa opresión en el esternón que parece un bloque de cemento justo cuando empieza a oscurecer y se termina el último mate. Es una sensación fea, viste, como si el lunes ya estuviera sentado en mi living, reclamándome el tiempo antes de que empiece la jornada.

Trabajo en operaciones en una empresa de logística. No te das una idea de lo que es eso: camiones que no llegan, planillas de Excel que parecen no terminar nunca y el teléfono que no para. Durante años, mi domingo a la noche no era descanso, era una cuenta regresiva. Sentía que si no aprovechaba cada minuto para "relajarme", estaba perdiendo la guerra contra la semana que venía. Pero claro, mientras más trataba de relajarme a la fuerza, más se me cerraba el pecho. La ansiedad no te pide permiso, se te instala y te quita el aire.

El error de querer ganarle al lunes por anticipado

Hubo una época, hace no tanto, en la que pensaba que la solución era la organización extrema. Me sentaba el domingo a las cinco de la tarde a planificar toda la semana. Abría la agenda, repasaba las rutas de los camiones para el lunes, anotaba los correos que tenía que mandar apenas llegara a la oficina. Pensaba que si tenía todo bajo control, la ansiedad se iba a ir. Qué iluso. Lo que estaba haciendo, en realidad, era traer los problemas del lunes al domingo. Planificar el lunes el domingo por la tarde, lejos de organizar tu mente, dispara la ansiedad al anticipar responsabilidades que aún no podés gestionar en ese momento.

Leí por ahí que un psiquiatra llamado Viktor Frankl hablaba de la "neurosis del domingo". Básicamente decía que cuando frenamos la actividad de la semana, nos cae encima todo el vacío o la presión de lo que no queremos enfrentar. A mí me pasaba tal cual. El domingo a la noche era un simulacro de crisis laboral. Mi cuerpo se preparaba para una batalla que todavía no había empezado. Es loco, pero el ritmo circadiano del cortisol suele estar bajo a la noche, pero si te ponés a cranear el laburo, lo subís artificialmente y después no te dormís ni con un té de tilo de un litro.

Manos sosteniendo un mate en una habitación con luz tenue de atardecer.

Cuando la técnica se choca con la realidad

En medio de esos episodios de pánico que te conté que tuve en la oficina, decidí que algo tenía que cambiar. Me anoté en un curso de esos de Hotmart sobre gestión emocional. El tipo del video hablaba muy prolijo, decía que había que respirar y meditar. Yo lo intentaba, che, te juro. Me sentaba en la cama y trataba de poner la mente en blanco, pero lo único que veía eran las planillas de logística flotando en la oscuridad. El curso decía que la frecuencia respiratoria promedio en reposo por minuto debería estar entre 12-16 respiraciones. Yo me las contaba y me daba mucho más, estaba re pasado.

Después de varias semanas de fallar, encontré algo que me sirvió un poco más: la secuencia de la técnica de respiración relajante 4-7-8. Es una pavada pero hay que agarrarle la mano: inhalás en 4 segundos, aguantás 7 y soltás el aire en 8. Al principio me desesperaba, sentía que me faltaba el oxígeno, pero después de intentarlo mil veces, una noche me hizo clic. No es que te cura la vida, pero te baja un cambio cuando sentís que el corazón te galopa en la garganta. Si te interesa el tema, hace un tiempo escribí sobre ejercicios de respiración para ataques de pánico que sí funcionan rápido, que fue lo que me ayudó a no terminar en la guardia.

Caminar para soltar el lastre

Lo que más me cambió la bocha fue dejar de pelear contra el sillón. Hace un par de meses empecé con una rutina nueva: cuando el sol se empieza a bajar, me pongo las zapatillas y me voy al Parque San Martín. No voy a correr maratones, voy a caminar. Sentir el aire frío bajando de la montaña golpeándome la cara mientras intento concentrarme solo en el ritmo de mis pasos por el parque es otra cosa. Ahí, entre los árboles, el nudo del estómago se afloja un poco.

Entendí que la ansiedad no es un ataque que viene de afuera, sino una señal de mi cuerpo pidiendo un cierre real del fin de semana antes de abrir el lunes. En el parque, lejos de la compu y del celular, el lunes parece más lejos. Alguna vez te conté por qué caminar por el Parque San Martín me salvó del agotamiento mental, y es que para los que vivimos acá, ese lugar es un pulmón de verdad, no solo para el aire, sino para la cabeza.

Sendero arbolado en el Parque San Martín de Mendoza durante el atardecer.

En el curso que hice decían que había que "visualizar el éxito". Yo prefiero visualizar que el domingo es mío. Aprendí a separar. Si me viene un pensamiento del laburo, lo miro y le digo: "Mañana a las ocho te atiendo, ahora estoy tomando aire". Parece una estupidez, pero hablarle a tu propio quilombo interno sirve para poner distancia. No es fácil y me llevó meses, no te voy a mentir. Hubo domingos donde volví del parque y me seguía sintiendo como si tuviera un elefante sentado en el pecho.

A veces, cuando la mano viene muy pesada, me acuerdo de mi experiencia con Reset Mental para bajar el estrés del laburo diario, porque a veces necesitás un método un poco más firme para no descarrilar. Pero la base es siempre la misma: ser amable con uno mismo. Si el domingo estás ansioso, no te castigues pensando que tendrías que estar relajado. Aceptá que estás así, respirá en ese 4-7-8 que te dije y salí a dar una vuelta.

Fijate que esto es lo que a mí, un tipo que labura en logística y no tiene un pelo de gurú, le sirvió para no volverse loco. No soy médico ni terapeuta, solo alguien que se cansó de pasarla mal los domingos. Si vos sentís que la ansiedad te desborda, que no podés dormir o que el pánico te gana, no lo dudes y hablá con un profesional. Yo lo hice en su momento y fue lo que me permitió hoy contarte esto de forma más tranqui. No tenés por qué cargar con el bloque de cemento solo, che. Nos vemos la próxima.

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