Taller Calma

Por qué caminar por el Parque San Martín me salvó del agotamiento mental

2026.06.16
Por qué caminar por el Parque San Martín me salvó del agotamiento mental

Miraba la planilla de Excel y te juro que las líneas se me mezclaban como si fueran fideos. Eran las tres de la tarde, hacía un calor pesado de esos que te aplastan acá en Mendoza, y yo sentía que el aire no me llegaba al fondo de los pulmones. En la oficina de logística las cosas no perdonan: camiones que no llegan, planillas que no cierran y el teléfono que no para de sonar. Ese día, hace unos nueve meses, sentí por primera vez que el pecho se me cerraba de verdad. Pensé: ‘Si me muero hoy sobre este teclado, mañana hay otro Damián cargando planillas, pero nadie va a venir a caminar por mí’.

Antes de seguir, te quiero aclarar algo de onda. No soy médico, ni psicólogo, ni nada que se le parezca. Soy un tipo que labura en operaciones y que un día se dio cuenta de que no podía más. Lo que te cuento acá es lo que a mí me sirvió para no terminar internado. También, cuando nombro algún curso que hice, como el de Reset Mental, tené en cuenta que si te anotás por el link, la plataforma me reconoce una comisión. A vos no te sale ni un peso más, y yo solo te recomiendo lo que me puse a probar en serio cuando las papas quemaban.

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El Parque como último recurso

Vivimos en una ciudad donde tenemos la suerte de tener 400 hectáreas de verde a diez minutos del centro, pero la verdad es que yo al Parque General San Martín lo veía siempre de pasada o para algún asado muy de vez en cuando. A fines del invierno pasado, cuando el agotamiento ya me estaba ganando por goleada, un compañero del laburo me vio la cara de zombi y me dijo: ‘Che, Damián, ¿por qué no te vas a caminar un rato al parque antes de volverte a tu casa? Te vas a volver loco acá adentro’. Al principio le dije que no tenía tiempo, que estaba cansado. Qué irónico, ¿no? Estar demasiado cansado para hacer algo que te saca el cansancio.

Esa misma semana empecé. Me bajé del auto cerca de los Portones y sentí esa sensación de que el nudo en la boca del estómago se afloja justo cuando paso por ahí y el ruido de los motores queda a mis espaldas. Es increíble cómo cambia el aire. Pero no fue soplar y hacer botellas. Las primeras veces fueron un desastre. Yo quería ‘relajarme’ por obligación, como si fuera una tarea más del Excel, y la cabeza me seguía tirando problemas del laburo a 120 kilómetros por hora.

Primer plano de zapatillas caminando sobre gravilla en un sendero del parque

Cuando el Rosedal me ganó por cansancio

Me acuerdo patente de un día a mediados de la primavera. Había leído por ahí que caminar meditando era la solución a todos los males. Fui hasta el Rosedal, tratando de poner la mente en blanco, pero me puse tan nervioso por no ‘lograrlo’ que terminé volviendo a casa manejando a mil y discutiendo con un trapito por el lugar del estacionamiento. Un papelón. Ahí me di cuenta de que no tenía las herramientas para manejar lo que me pasaba adentro. Tenía el escenario, que es el parque, pero me faltaba el manual de instrucciones.

Fue ahí cuando me crucé con Reset Mental. Lo que me gustó es que no era un curso para ser un monje tibetano, sino para gente común con problemas de oficina. Tiene una calificación de 4.6, que para mí es un montón porque la gente suele ser bastante quejosa en las reseñas. Empecé a aplicar cosas chiquitas, hábitos de todos los días, mientras caminaba por los senderos menos transitados. Porque esa es otra: si tenés ansiedad social como yo, el consejo de ‘andá al parque’ te puede jugar en contra si vas un domingo a la tarde cuando está lleno de gente y música fuerte.

Si te interesa saber más sobre cómo me acomodé con el laburo, podés leer sobre mi experiencia con Reset Mental para bajar el estrés del laburo diario. Me sirvió para entender que el agotamiento no es solo cansancio físico, es un tema de cómo procesás el ruido de afuera.

La ruta del silencio para los que no aguantan la multitud

Acá es donde mi experiencia choca un poco con lo que te dicen los gurús del bienestar. Muchos te dicen que busques la energía de la gente, pero cuando estás quemado, la gente es lo último que querés ver. Yo descubrí que para mi agotamiento mental, el Lago del Parque —que tiene un perímetro aproximado de 2.5 kilómetros— es hermoso pero a veces es un hormiguero. Si estás con el pecho cerrado, ver a 500 personas haciendo running con calzas de colores te puede poner más nervioso.

Empecé a buscar horarios de madrugada o rutas alternativas. Hay un momento, cuando el sol empieza a caer detrás del Cerro de la Gloria, donde el olor a eucalipto fresco se vuelve más fuerte y el único sonido es el crujido de la gravilla bajo mis zapatillas viejas. Esos son los momentos que me salvaron. El curso me enseñó a anclarme en esos sentidos: qué huelo, qué escucho, qué piso. Parece una pavada, pero después de unas tres semanas de caminatas constantes aplicando estas técnicas, empecé a notar que el domingo a la noche ya no sentía que me iba a dar un infarto.

Si alguna vez sentiste que el aire te falta en la oficina, fijate estos ejercicios de respiración para ataques de pánico que sí funcionan rápido. A mí me salvaron más de una vez antes de salir para el parque.

Escritorio sencillo con un mate y un cuaderno frente a una ventana

El clic de este otoño

Un domingo a la tarde el mes pasado, me pasó algo distinto. Estaba sentado en un banco cerca de la zona de los clubes, mirando cómo el viento movía las hojas de los árboles (hay más de 300 especies de flora ahí arriba, una locura si lo pensás). En lugar de estar pensando en la auditoría del lunes, estaba ahí, presente. No te digo que alcancé la iluminación, pero por primera vez en años, mi cabeza estaba en el mismo lugar que mi cuerpo.

Entendí que el agotamiento no se cura con un fin de semana de descanso, se maneja con un cambio de hábito que no podés soltar. El parque me dio el espacio y cursos como Reset Mental me dieron el método. Si estás sintiendo que la inseguridad te frena para arrancar algo así, quizás te sirva mirar estas 4 Herramientas para Vencer la Inseguridad, que es cortito y va al grano.

Hoy, después de nueve meses de este proceso, sigo trabajando en la misma empresa de logística. Los problemas siguen estando, pero yo ya no soy el mismo. El parque sigue teniendo sus 400 hectáreas, pero ahora las camino con otra conciencia. Eso sí, te lo digo como un amigo: si sentís que la situación te supera, que no podés salir de la cama o que los pensamientos oscuros no te dejan vivir, hablá con un profesional de la salud mental. Yo hice mis cursos y mis caminatas, pero siempre sabiendo que hay cosas que un Excel o una caminata no pueden arreglar solos.

Si querés probar algo que de verdad te mueva la aguja, dale una chance a Reset Mental. A mí me ayudó a que el parque sea mi refugio y no una tarea más en la lista de pendientes. Y si andás por Mendoza y me ves caminando cerca del Cerro de la Gloria con cara de estar contando piedritas, ya sabés por qué es. Nos vemos en la próxima.

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