Taller Calma

Cómo dejar de sentirse juzgado por los compañeros de trabajo

2026.07.20
Cómo dejar de sentirse juzgado por los compañeros de trabajo
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Ese lunes de enero donde todo se me vino encima

Eran las nueve de la mañana de un lunes de mucho calor en enero acá en Mendoza. Viste cuando el aire ya se siente pesado desde temprano y el zumbido del aire acondicionado de la oficina parece que te está taladrando la nuca. Estaba frente a la pantalla, con el brillo del Excel quemándome los ojos, tratando de cerrar un reporte de stock de Europallets. El estándar es de 1200 x 800 mm, pero en mi cabeza esos números se mezclaban con una sensación horrible en el pecho. Sentía que cada vez que alguien pasaba por atrás de mi escritorio, se frenaba un segundo de más para ver si me había equivocado en una celda.

Antes de seguir, te quiero aclarar una cosa. No soy psicólogo ni tengo un título colgado en la pared. Trabajo en logística hace años y todo lo que te cuento acá es lo que me pasó a mí, lo que me sirvió y lo que no. Cuando nombre algún curso o herramienta, como Reset Mental, sabelo que si comprás desde mi link, Hotmart me da una pequeña comisión. A vos no te sale un peso extra y a mí me ayuda a seguir escribiendo. Pero quedate tranquilo que acá no recomiendo nada que no haya probado yo primero en mis peores momentos.

Esa mañana, el olor a café recalentado me revolvía el estómago. Mi jefe estaba un par de escritorios más allá y yo juraba que me estaba observando. Tenía ese pensamiento recurrente: si mando este mail con un error en los códigos de los palets, van a confirmar que no sirvo para el puesto después de ocho años. Es una locura, ¿no? Ocho años laburando bien, pero sentía que mi valor pendía de un hilo. Esa presión fría justo en el centro del esternón aparecía cada vez que un compañero se reía en voz baja en el pasillo; mi mente asumía automáticamente que se estaban burlando de mí.

El error de querer "ignorar todo"

A mediados de octubre del año pasado, cuando la cosa empezó a ponerse fulera de verdad, intenté hacer lo que te dicen todos los gurús de internet: "Que no te importe lo que piensen". Qué frase más vacía, che. Intenté aplicarla y lo único que logré fue aislarme. Me ponía los auriculares, no saludaba a nadie y me quedaba duro frente al monitor. El resultado fue peor: me sentía más solo y la tensión en las reuniones de equipo se volvió insoportable. No estaba solucionando nada, solo estaba levantando un muro que me terminaba encerrando a mí mismo.

Incluso probé con esas cosas de la "mente positiva" y fue un desastre. Un día, después de las primeras tres semanas de intentar forzar la calma, me encerré en el baño de la empresa para hacer una meditación de cinco minutos que bajé de una app. Salí más nervioso de lo que entré porque pensaba que todos se estaban preguntando por qué tardaba tanto y si me sentía mal o estaba perdiendo el tiempo. Mi frecuencia cardíaca, que en reposo debería estar entre 60 a 100 latidos por minuto, sentía que se me iba a 120 fácil solo por el miedo a que me juzgaran por ir al baño.

Primer plano de códigos de logística y dimensiones de pallets sobre un escritorio

El cambio de enfoque: de la mente al hábito

Después de fallar mil veces, me di cuenta de que el problema no eran mis compañeros, sino cómo mi cuerpo estaba reaccionando al entorno. Leí por ahí que el cortisol, la hormona del estrés, llega a su pico máximo unos 30 o 45 minutos después de que te despertás. Y yo lo primero que hacía era revisar el grupo de WhatsApp del laburo. Error de principiante, pero lo hice durante años.

Ahí fue cuando empecé a buscar algo más estructurado y me topé con Reset Mental. Lo que me movió la aguja no fue una técnica mágica, sino entender que la calma se construye antes de entrar al depósito. Empecé a cambiar mis mañanas. En vez de saltar de la cama al Excel, me obligaba a tener un momento para mí. No te digo que me ponía a levitar, pero sí a respirar con conciencia, aunque al principio me saliera mal y me sintiera un tonto.

Fijate que el curso hablaba mucho de la rumiación mental. Ese hábito de darle vueltas a un pensamiento consume muchísima energía, más que resolver problemas lógicos. Yo gastaba toda mi energía mental pensando en qué diría el de compras sobre mi informe, en vez de simplemente hacer el informe. Si sentís que estás en ese bucle, tal vez te sirva leer sobre pasos para dominar la ansiedad antes de que afecte tu rendimiento laboral.

La verdad sobre la validación externa

Hace un par de meses me cayó una ficha importante. Estaba charlando con un amigo que labura en atención al cliente, cara a cara con la gente todo el día. Yo me quejaba de mis compañeros, pero él me decía: "Damián, vos por lo menos tenés una planilla de Excel que no te grita. Yo dependo de que el cliente no se levante cruzado para no sentir que mi laburo es una porquería".

Ahí entendí que el juicio que más nos duele es el que necesitamos para validar nuestra propia identidad. En atención al cliente, el éxito depende directamente del escrutinio público constante. En logística, yo tenía la suerte de que mis resultados eran objetivos (los palets llegaban o no llegaban), pero mi inseguridad me hacía buscar una validación que nadie me iba a dar. Si estás pasando por algo así, fijate estas herramientas para vencer la inseguridad al hablar en reuniones de trabajo, porque a veces el problema es cómo nos paramos frente al resto.

Sendero arbolado en el Parque San Martín de Mendoza durante el atardecer

Caminar para soltar el juicio

Lo que de verdad terminó de acomodarme las ideas fueron las caminatas. Acá en Mendoza tenemos el Parque San Martín, que tiene como 420 hectáreas de puro verde. Empecé a ir los sábados a la tarde, sin celular, solo a caminar. Es increíble cómo el espacio físico te ayuda a ganar espacio mental. Caminando por los senderos, lejos del olor a café y el brillo de los monitores, me di cuenta de que mi valor no dependía de la aprobación de la oficina.

En el curso de Vencer la Inseguridad que chusmeé después, hablaban de que muchas veces proyectamos en los demás nuestros propios miedos. Si yo me sentía un fraude, iba a creer que todos me veían como un fraude. Es un laburo de hormiga, no te voy a mentir. Hubo semanas en las que sentí que retrocedía, especialmente cuando el laburo se acumulaba y volvía esa opresión en el pecho. Si te pasa eso, te recomiendo ver qué hacer cuando sientes opresión en el pecho por el estrés del laburo.

Hoy manejo las cosas de otra manera. Si un compañero se ríe, pienso que quizás se acordó de un chiste o está mirando un meme, y no que mi planilla de stock es un desastre. La inseguridad sigue ahí a veces, pero ya no tiene la llave de mi oficina. Si sentís que la situación te supera y que no podés ni levantarte para ir a laburar, por favor, hablá con un profesional. Yo soy un tipo que te cuenta su experiencia, pero un psicólogo te va a dar las herramientas que necesitás para tu caso particular.

Al final del día, somos más que nuestro puesto de laburo y mucho más que la opinión de alguien que apenas nos conoce. Tomátelo con calma, de a un paso a la vez, como una caminata por el parque.

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