Taller Calma

Mi experiencia con Reset Mental para bajar el estrés del laburo diario

2026.06.15
Mi experiencia con Reset Mental para bajar el estrés del laburo diario

Eran pasadas las cinco de la tarde de un martes gris de oficina cuando pasó de nuevo. Estaba mirando una planilla de Excel que no cerraba ni a ganchos y, de repente, las filas empezaron a vibrar frente a mis ojos. El aire en el cubículo se puso pesado, como si el aire acondicionado estuviera tirando tierra en vez de frío. Sentí ese calorcito horrible subiendo por el cuello y supe que estaba al horno. Otra vez la morsa apretando el pecho.

Antes de que sigamos charlando, te cuento una corta: cuando nombro algún curso acá, como el que me ayudó a mí, a veces el link tiene un seguimiento de Hotmart. Si te anotás desde ahí, la plataforma me tira una comisión a mí y a vos te sale exactamente lo mismo. No te preocupes que acá no vas a ver nada que no haya probado yo primero durante meses; si no me sirvió para bajar un cambio en el laburo, no te lo cuento. Yo no soy psicólogo ni gurú, soy un tipo que labura en logística y que un día se cansó de vivir con el susto en el cuerpo.

El desgaste silencioso de las planillas

Laburo en operaciones en una empresa de logística acá en Mendoza hace años. Si conocés el rubro, sabés lo que es: camiones que no llegan, choferes que se quedan sin señal en la alta montaña, clientes que te putean como si vos fueras el dueño de la ruta. Mendoza está a unos 746 metros sobre el nivel del mar, y te juro que ese martes sentía que el oxígeno no me llegaba a los pulmones, pero no por la altitud, sino por la ansiedad acumulada desde fines de agosto pasado.

Venía arrastrando un cansancio que no se iba durmiendo. Los domingos a la noche eran lo peor; el pecho se me cerraba pensando en el lunes. Había probado de todo, pero nada me convencía porque todo me sonaba a teoría clínica o a autoayuda barata que no tiene nada que ver con estar ocho horas sentado frente a un monitor. Fue ahí cuando, entre tanto humo, me crucé con Reset Mental. Tenía una calificación de 4.6 sobre un máximo de 5 en la plataforma, y me dije: "Bueno, vamo' a ver qué onda, peor no puedo estar".

Un mate y un cuaderno sobre un escritorio de oficina sencillo con luz natural

Cuando las técnicas te salen para el lado de los tomates

Empecé el curso con mucha desconfianza. El primer módulo hablaba de relajación y hábitos diarios. Me acuerdo de intentar hacer el primer ejercicio de respiración y terminar abriendo el correo del laburo tres veces en cinco minutos por pura ansiedad. No podía estar quieto. Pensaba: "Otra vez me están vendiendo espejitos de colores, esto de resetear la mente es para gente que no tiene que despachar diez camiones antes del mediodía".

Me costó un Perú entender que la calma no es algo que comprás y ya está, sino algo que se entrena como el gimnasio. Durante las semanas de las fiestas, donde el laburo en logística se vuelve un manicomio, fue cuando realmente empecé a notar que algo cambiaba. No es que los problemas desaparecieron, sino que mi mandíbula, que siempre tenía apretada como una morsa, se aflojaba de a poco después de la tercera semana de seguir los ejercicios del curso. Empecé a traducir esos términos raros que a veces usan los cursos a mi propio idioma: si me decían "atención plena", yo lo traducía como "soltá el celular y mirá el mate un segundo".

Si querés chusmear algo más sobre cómo no volverte loco en el escritorio, fijate este texto sobre cómo manejar la ansiedad en la oficina para gente con mucho trabajo, que tiene un par de tips que me salvaron las papas más de una vez.

El día que el camión se quedó en la frontera

El punto de giro real fue un martes de mucho calor en enero. Teníamos un camión varado en la frontera con una carga crítica y el cliente me estaba limando la cabeza por teléfono. En otro momento, ese estrés me hubiera disparado un episodio de pánico ahí mismo, con las palpitaciones y el miedo a morirme en medio de la oficina. Pero esta vez, usé una de las herramientas de hábito diario que enseña Reset Mental.

No fue magia. Fue simplemente un reset de dos minutos. Salí al pasillo, hice la secuencia que ya tenía grabada en la cabeza y volví. El problema seguía ahí, pero yo ya no era el que estaba vibrando. Por primera vez en mucho tiempo, no me dolía el cuello al cerrar la oficina al final del día. Ahí entendí que el curso no se trataba de vivir en una nube, sino de tener un kit de herramientas para cuando las papas queman.

Ojo, tengo que ser honesto: estas técnicas me sirvieron a mí porque mi estrés es ese que se va juntando de a poco, como el sarro en la pava. Pero me puse a pensar y creo que esto no funcionaría igual para alguien que labura en emergencias médicas, por ejemplo. Ahí el estrés no es acumulativo, es un cachetazo agudo e impredecible. Esa gente necesita maniobras de regulación en tiempo real, no un reset al final del día. Para los que estamos en una oficina, esto es oro, pero para un cirujano o un bombero, me parece que se queda corto.

Vista de una calle arbolada típica de Mendoza a través del vidrio de una oficina

Caminatas y realismo mendocino

Hace un par de meses que vengo manteniendo el ritmo. No te voy a decir que soy un monje budista porque te mentiría. He probado otros cursos también, como 4 Herramientas para Vencer la Inseguridad, que me ayudó un poco con el tema de dudar de cada decisión que tomaba en el despacho, pero el que realmente me movió la aguja fue el Reset.

Lo que más disfruto ahora es cuando salgo de laburar y me voy a caminar por los portones del Parque San Martín. Sentir el aire frío bajando de la cordillera pegándome en la cara después de un día de locos es mi momento de verdad. Ahí es donde termino de procesar todo. A veces, si la semana viene muy cruzada, repaso mentalmente algunos de los ejercicios de respiración para ataques de pánico que sí funcionan rápido, por las dudas, viste, para tener el matafuegos a mano.

Si estás pasando por una época donde sentís que el laburo te está comiendo la salud, te diría que le des una chance a frenar. No necesitás un retiro espiritual en la montaña, a veces con un curso que te ordene un poco la cabeza alcanza. A mí me sirvió Reset Mental porque es llano, como nosotros. Pero escuchame bien: si sentís que no podés más, que el pecho se te cierra todos los días o que el miedo no te deja vivir, no te quedes solo con un curso de internet. Hablá con un profesional, buscate un buen psicólogo. Yo lo hice en su momento y fue lo que me dio la base para después poder usar estas herramientas. No te dejes estar, che.

Al final del día, la calma no es un estado permanente que alcanzás y listo. Es un reset que tenés que hacer todos los días, como quien limpia el escritorio antes de irse a su casa para encontrarlo ordenado a la mañana siguiente.

Tenga en cuenta:
Ninguna información de este sitio constituye asesoramiento médico, legal o financiero. Todo el contenido se basa en la experiencia personal del autor. Consulta a un profesional autorizado para obtener orientación específica a tu situación.