Taller Calma

Qué hacer para calmar el zumbido en los oídos por estrés y cansancio

2026.09.21
Qué hacer para calmar el zumbido en los oídos por estrés y cansancio: hombre en un escritorio de oficina con la mano cerca de la oreja

746 metros sobre el nivel del mar: esa es la altura de Mendoza, y durante semanas fue el único número que me importó, porque acá los cambios de presión te pegan directo en el oído, y juraría que tuvo algo que ver con el zumbido que un día se me metió en el oído derecho y no se fue del todo nunca más. Vengo de laburar en operaciones de una empresa de logística, con planillas, llamados y esa clase de estrés que no grita pero te va gastando de a poco, y el zumbido apareció justo en una racha en la que dormía mal y andaba con el cuerpo en alerta todo el tiempo.

Antes de seguir: cuando nombro algún curso que me sirvió, a veces el link va con comisión de por medio, de esos que arman en Hotmart. Si te anotás por ahí a mí me cae una parte y a vos no te cambia el precio, pero jamás te voy a recomendar algo que no haya probado yo mismo en mis semanas más difíciles. No soy médico ni otorrino — soy un tipo de oficina que tuvo que aprender esto a los ponchazos.

El silencio total y su efecto en el zumbido y la ansiedad

Lo primero que hacés cuando te aparece un pitido así —que después averigüé que en criollo científico se llama tinnitus— es entrar en pánico. Buscás en Google y lo primero que te tira son notas que dicen que puede quedarse para siempre. Esa sensación de encierro es de las peores que probé: no podés escapar de tu propio cuerpo, porque el ruido está adentro tuyo.

Ya venía de probar cualquier cosa. Meses antes había leído esos libros de productividad que insisten con levantarte a las cinco de la mañana para "ganarle el día al cuerpo", y lo único que conseguí fue sumarle cansancio a un cuerpo que ya venía reventado. Así que cuando apareció el zumbido, hice lo mismo de siempre: buscar una solución rápida y cara.

Me compré unos auriculares de cancelación de ruido carísimos, de esos que usan los que viajan mucho, pensando que si tapaba el mundo de afuera el pitido se iba a calmar. Fue de los peores gastos que hice en mi vida: el silencio total lo único que logró fue que el zumbido interno sonara como un grito, como si la cabeza le subiera el volumen a lo poco que quedaba para escuchar. Si además tenés mareos por estrés, sentís que el piso se mueve para todos lados.

Auriculares de cancelación de ruido sobre una cama desordenada, el intento fallido de tapar el zumbido en los oídos con silencio total.

Mendoza, la altura y un oído que no filtra

Esa altura de la que hablé al principio no es un dato al pasar: acá los cambios de presión se sienten en serio. Me acuerdo de una caminata por La Alameda, la peatonal del centro, en plena tarde de viento Zonda, con el aire caliente pegándome en la cara y los labios partidos. En un momento el oído derecho se me tapó por la presión y el zumbido se disparó de golpe.

Ahí entendí que no era "un ruidito". Era el sistema nervioso mío, hipersensible, sin filtro para separar lo que importa de lo que no. En una reunión tensa por un cargamento demorado sentí esa punzada fría en el pecho que me agarra siempre que me desbordo — el curso que después empecé a seguir llama a eso "somatizar el estrés", que traducido es simplemente que el cuerpo grita lo que la cabeza no procesa. El zumbido subió de tono, como alarma de incendio, avisando que el cuerpo estaba en alerta máxima. Si no aprendés a relajar la mandíbula, esa tensión sube por el cuello y termina apretando justo los músculos que rodean el oído.

Lo que finalmente movió la aguja

Después de probar de todo, lo que más me sirvió fue entender que el zumbido es una alarma, no la enfermedad en sí. Empecé a seguir los pasos de un programa que se llama Reset Mental, y lo que me gustó es que no vende espejitos de colores: te enseña a cambiar cómo reaccionás ante esas señales del cuerpo.

Ahí fue cuando el curso empezó a insistir con tomar agua de forma bien constante — decían que ayudaba a la circulación del oído interno, no sé cuánto de eso es ciencia dura, pero empecé con algo así como dos o tres litros por día, y aunque suena a pavada, sentí que la intensidad del pitido bajaba un cambio. También cambié el silencio total por "ruido de fondo": en vez de taparme los oídos, dejaba una radio bajito o un sonido de lluvia de fondo, y eso distraía a la cabeza lo suficiente como para que dejara de enfocarse solo en el pitido.

También me sirvió, dentro del mismo curso de Reset Mental, darme cuenta de que yo vivía en modo alerta todo el tiempo. Le dicen "regulación autónoma" a eso de enseñarle al cuerpo que ya no hay peligro cerca — a mí me sirvió más pensarlo simplemente como bajar la guardia de a poco. Si sos de los que se queda rumiando problemas del laburo, como me pasaba a mí con la frustración por cosas fuera de control, el zumbido no se te va a ir nunca, porque el cuerpo cree que hay una amenaza cerca todo el tiempo.

Mano sosteniendo un vaso de agua durante una pausa breve en medio de una jornada de mucho estrés y cansancio.

Aprendé a bajar un cambio en el escritorio

Quiero meter un bocado acá para la gente que labura con auriculares puestos ocho horas, en call centers o atención al cliente. A veces te dicen "descansá del ruido", pero para ellos eso es imposible: el sistema ya viene saturado de voces y ruido blanco todo el día. Lo que me sirvió a mí en las épocas de más llamados fue hacer micro-pausas de respiración diafragmática —esa que se hace con la panza, no con el pecho— ahí mismo en el escritorio: soltás el mouse, cerrás los ojos y hacés tres respiraciones lentas. Al principio me salía pésimo, sentía que me ahogaba, pero después de unas semanas el cuerpo entiende la orden de bajar un cambio. Si la inseguridad al hablar con clientes te sube el estrés, podés mirar algo como 4 Herramientas para Vencer la Inseguridad, que ayuda a no tomarte todo tan a pecho.

Todavía lo escucho, pero ya no me asusta

Me acuerdo de un almuerzo de domingo, ya para la cuarta semana de estar en esto, dándome cuenta de que el pecho no se me había cerrado en todo el fin de semana y que esa angustia de siempre no había aparecido. No fue un click mágico: fue más bien notar, casi de casualidad, que algo raro estaba pasando y que ese algo era bueno. Después empecé a sentirlo también de noche — el peso del celular en el bolsillo antes de apagarlo, esa manía de chequear la pantalla una última vez, se me hizo más liviana cuando dejé de necesitar ese último chequeo nervioso antes de dormir.

Un amigo mío toca la guitarra en una banda de covers que ensaya los domingos, y una vez me dijo algo que se me quedó dando vueltas: que a él tocar no le sirve para pensar en otra cosa, le sirve para que el cuerpo se mueva y el resto baje solo. A mí me pasa parecido caminando por La Alameda al final del día — no lo hago para "meditar" ni nada raro, lo hago porque mover el cuerpo parece bajarle el volumen a todo lo demás, zumbido incluido, y eso que el curso llamaría "recuperación activa" a mí me sale más simple: cansar el cuerpo un poco para que la cabeza afloje. Si algo aprendí en este tiempo es que el ruido físico baja cuando le bajás el volumen emocional a lo que lo dispara, no al revés: perseguir el silencio absoluto fue lo que peor me hizo, y soltar un poco el cuerpo fue lo que más me ayudó.

Hoy el zumbido no desapareció del todo. Hay días, sobre todo con mucho laburo encima o cuando el Zonda pega fuerte, en que vuelve a aparecer. Pero ya no me genera ese pánico de creer que me voy a volver loco. Fijate que esto es lo que me funcionó a mí, un tipo común que labura en logística y no tiene ninguna formación clínica: si el zumbido es muy fuerte, si te duele el oído de verdad o sentís que no podés más, hacete un favor y andá a ver a un otorrino o a un profesional de salud mental. Cuidate, que nadie más va a hacer ese laburo por vos.

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