Taller Calma

Qué hacer al sentirse sobrepasado por el trabajo y necesitar un respiro

2026.10.12
Qué hacer al sentirse sobrepasado por el trabajo y necesitar un respiro

Esa tarde de calor sofocante en enero, de esas que solo tenemos en Mendoza cuando el Zonda se queda agazapado, sentí que los números del Excel empezaron a vibrar. Estaba en la oficina de logística, rodeado de remitos y planillas, y de repente el aire no me llegaba al fondo de los pulmones. No era el asma de pibe, era otra cosa. Miraba la pantalla y sentía que la silla se me hundía.

Antes de seguir, te aclaro una cosa por las dudas: no soy psicólogo ni pretendo serlo. Soy un tipo que labura en operaciones hace años y que casi se quema la cabeza por no saber parar. Lo que te cuento acá es lo que me sirvió a mí, a los ponchazos. Por cierto, a veces menciono algunos cursos que hice para salir del pozo; si te terminás anotando en alguno a través de mis enlaces, la plataforma me da una pequeña comisión. A vos no te sale ni un peso más y a mí me ayuda a mantener el blog, pero quedate tranquilo que solo hablo de lo que probé y me movió la aguja de verdad. Si vos sentís que no das más, lo primero es que hables con un profesional de verdad, ¿viste? No te quedes solo con lo que leés en internet.

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Cuando el laburo se te mete en el cuerpo

Trabajar en el área de operaciones de una empresa de logística es como tratar de atajar penales mientras te tiran piedras. Siempre hay un flete que no llegó, un chofer que se quedó sin señal o un cliente que quiere todo para ayer. Yo venía aguantando el ritmo de la jornada laboral máxima de 48 horas semanales, pero la verdad es que entre los mensajes de WhatsApp y los llamados fuera de hora, sentía que laburaba el doble. Mendoza es hermosa, vivimos a 746 metros de altura con la montaña ahí nomás, pero cuando estás encerrado entre cuatro paredes con aire acondicionado que apenas tira, la ciudad se te hace re chiquita.

Lo peor era el teléfono interno 204 del depósito. Tenía un timbre chillón, seco. Cada vez que sonaba, sentía ese nudo seco y frío en la garganta. Era una reacción física, automática. Mi cuerpo ya sabía que lo que venía era un problema más para la lista. Intenté de todo para calmarme: me bajé aplicaciones de meditación, traté de ignorar los correos, pero no funcionaba. Una vuelta, hacia finales de marzo, intenté hacer una meditación de 10 minutos en el auto antes de entrar a la oficina. Terminé scrolleando Instagram por 15 minutos, comparando mi vida con la de gente que estaba de vacaciones, y entré a laburar sintiéndome diez veces peor que antes. Un fracaso total.

Escritorio de oficina con mate y cuaderno de logística bajo luz natural

El mito de la desconexión total

Muchos te dicen que para resetear tenés que irte un fin de semana al Valle de Uco o apagar el celular por tres días. Eso suena bárbaro, pero para los que estamos en la trinchera, en atención al cliente o en logística, es puro humo. Si apago el celular tres días, cuando lo prendo tengo un incendio forestal esperándome. Mi entorno exige que esté ahí, y ese es el gran problema de los consejos estándar: no están pensados para el que tiene que poner el cuerpo todos los días.

Entendí que necesitaba algo que pudiera hacer *mientras* las papas quemaban. Ahí fue cuando me topé con Reset Mental. Lo que me llamó la atención no fue ninguna promesa mística, sino que planteaba micro-hábitos. No me pedía que me fuera a vivir a la montaña, sino que aprendiera a cortar la respuesta de estrés ahí mismo, frente al escritorio. Empecé a probar técnicas para aliviar la sensación de nudo en la garganta que me agarraba con el interno 204. Al principio me sentía un tonto respirando profundo mientras un camionero me gritaba por un remito perdido, pero algo empezó a cambiar.

La técnica que me costó un Perú

En el curso hablaban de la respiración 4-7-8. Es una técnica de la respiración diafragmática donde inhalás en 4 segundos, mantenés 7 y exhalás en 8. Suena fácil, ¿no? Bueno, a mí me salió mal durante semanas. Me faltaba el aire, me ponía más nervioso contando los segundos que trabajando. Pero un lunes de agosto, después de unas tres semanas de práctica constante, me salió natural. Estaba en medio de un quilombo de despachos y, sin darme cuenta, empecé a exhalar lento. Fue la primera vez en meses que no sentí que el pecho se me cerraba.

Sendero del Parque San Martín en Mendoza con álamos y luz de atardecer

Pequeñas victorias en el Parque San Martín

Otra cosa que cambié fue mi forma de caminar. Yo siempre iba al Parque San Martín, pero iba con los auriculares puestos, escuchando noticias o audios de laburo. Seguía en la oficina, pero con árboles alrededor. Empecé a obligarme a ir sin nada. Solo yo y el parque.

Me acuerdo patente de una tarde después de un día matador. Me senté en un banco y me pegó el olor a tierra seca y hojas de álamo. Mendoza tiene ese olor particular cuando baja el sol. Por fin, después de mucho tiempo, no estaba pensando en los remitos pendientes ni en el flete que se rompió en Desaguadero. Estaba ahí. Ese fue mi verdadero 'reset'. No fue un viaje al Caribe, fue aprender a estar en el parque sin que el teléfono me manejara la cabeza. Si te tiemblan mucho las manos por la presión, podés mirar algunos consejos sobre cómo calmar los nervios en las manos, que a mí me ayudaron a no parecer un flan frente a mi jefe.

¿Qué me movió la aguja de verdad?

Si estás pasando por lo mismo, dejame decirte qué fue lo que realmente me sirvió y qué resultó ser un verso:

Hoy el depósito sigue siendo un lío, no te voy a mentir. Los problemas son los mismos, pero yo ya no soy el mismo frente a ellos. Mis domingos a la noche ya no son una agonía esperando el lunes. A veces, cuando el calor aprieta y el laburo se amontona, simplemente me acuerdo de los álamos del parque y respiro en 4-7-8. No es magia, es práctica.

Primer plano de manos descansando sobre una mesa de madera en actitud tranquila

Un recordatorio para vos

Fijate que esto es lo que me funcionó a mí, Damián, un tipo de treinta y pico que se cansó de vivir con el pecho cerrado. Pero cada cuerpo es un mundo. Si sentís que la situación te sobrepasa, que no podés levantarte de la cama o que el pánico te gana, no lo dudes: buscá un profesional. Ir a terapia o consultar con un médico no te hace débil, te hace inteligente. Yo lo hice en su momento y fue la base para que después estos cursos y caminatas funcionaran.

Si querés probar algo práctico para empezar a retomar el control de tus días sin vueltas raras, dale una chance a Reset Mental. A mí me sirvió para entender que el respiro que necesitaba no estaba en unas vacaciones lejanas, sino en los huecos que yo mismo podía crear en medio del caos. Cuidate, che. No dejes que el laburo se lleve lo mejor de vos.

Tenga en cuenta:
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